Autora: Lobanako
CAPITULO 2
Himeko no podía moverse, la extraña chica de pelo azul también había quedado en shock, después esta la había llamado por su nombre y algo se había removido en el interior de Himeko, reconocía esa voz, era la voz de la sombra que aparecía una y otra vez en sus sueños, pero había algo mas era un sentimiento muy intenso, algo que le golpeaba el corazón con fuerza, no supo el porque pero se lanzo a sus brazos y la chica la rodeo tratando de darle consuelo, entonces se dio cuenta de que estaba llorando, la gente había terminado de cruzar la calle y solo quedaban ellas dos en el paso de peatones, entonces la chica de pelo azul la apartó lo suficiente para mirarla a los ojos.
-Himeko....
La chica rubia había quedado paralizada por esos eléctricos ojos azules, sin darse cuenta de que poco a poco acercaba mas y mas su rostro al de ella, cuando entonces, el trafico volvió a la normalidad ignorando a las dos chicas y un enorme camión avanzó veloz hasta ellas, no se dio cuenta de su presencia hasta que le fue imposible parar a tiempo, todo ocurrió muy rápido, pero Himeko fue consciente de todo. La chica de pelo azul trató de empujarla rápidamente para sacarla de en medio pero alguien se le adelantó una sombra cruzó por delante de Himeko empujándola al suelo, ella seguía mirando hacia la otra chica, la cual a una velocidad increíble saltó apartándose de la trayectoria del camión. Himeko alzó la vista hasta su salvador y un intenso rubor cubrió su rostro. Soma Ogami la había salvado, los coches se detuvieron de nuevo y todo el mundo se amontonó a su alrededor, el hombre del camión salio corriendo para ver si la chica estaba bien, pero la mente de Himeko solo podía pensar en la otra chica, así que salio corriendo y fue hacia donde la vio saltar, pero o había nadie, le preguntó al conductor del camión si la había visto, pero el hombre negó con la cabeza.
-eres a la única a la que vi antes de frenar.
Soma la apartó de la multitud, al parecer la había seguido cuando salió del cine, Mako-chan también apareció entonces y los tres fueron hasta un parque cercano para hablar sobre lo ocurrido.
-Yo no vi a la otra chica cuando te empuje...
-Pero... Pero...
Mako-chan también intervino en la conversación.
-¿Podrias describirme a la chica que viste?
-Alta, figura perfecta, pelo largo azul, ojos... ojos.....
Himeko volvió a recordar esos ojos, la manera en la que la habían hipnotizado, tan hermosos... Fue entonces cuando lo supo, no podía haber sido su imaginación, estaba segura de que sintió el calor de sus brazos cuando la abrazó y el latido de su corazón cuando lloró en su pecho, tenia que encontrarla, ella estaría en algún lugar y aunque le costase la vida la encontraría, no entendía el porque de esa necesidad de encontrarla pero era lo bastante intensa como para arrasar con cualquier otro pensamiento coherente, se levantó decidida del banco en el que se encontraba y sus amigos la miraron sorprendidos, cuando entonces Himeko calló al suelo.
-Ay...
Al parecer cuando Soma la empujó se torció el tobillo, sus amigos la llevaron al medico rápidamente, afortunadamente no era nada grave, solo le pusieron un vendaje y en un par de días estaría bien, Soma se ofreció para cuidar de ella hasta que se recuperase y también para poder vigilarla y que no hiciera ninguna tontería, así que el y Himeko se fueron hacia su casa, durante el trayecto era evidente que la chica estaba mas que avergonzada, ya que su rubor era evidente incluso con el casco, se agarraba a Soma tímidamente y eso hacia que el su ruborizara también, cuando llegaron los dos estaban completamente rojos y evitaban mirarse, antes de que Soma abriera la puerta alguien se le adelantó.
-Vaya Soma, así que esta es la chica de la que me has hablado por teléfono, no me habías dicho que era tan guapa-El joven de pelo castaño se inclinó y besó la mano de Himeko haciendo que esta pareciera un semáforo en rojo.
-Yukihito...-dijo Soma llevándose la mano a la cara- Kusurugawa-san, este es Yukihito, el asistente de mi hermano.
-¿Asistente?
-Si, mi hermano es el sacerdote del templo de la sacerdotisa lunar y solar, pero eso son solo viejas leyendas, no te preocupes.
Un hombre de pelo largo apareció también por la puerta.
-No deberías decir esas cosas Soma, la leyenda es cierta y nuestra familia lleva generaciones protegiendo ese templo.
-Lo siento Kazuki nii-san
El hombre vio entonces a Himeko.
-Tu debes de ser Kurusugawa-san, yo soy Kazuki Ogami, el hermano mayor de Soma, me ha contado lo ocurrido por teléfono, por favor, siéntete como en casa-dijo ofreciéndole pasar.
Kazuki Ogami le enseñó la casa a Himeko hasta que finalmente llegó hasta su habitación, esta daba a la parte de atrás de la casa, por la cual se veía un largo camino que se perdía entre los arboles, Kazuki que vio el rumbo de su mirada se lo explicó:
-Ese camino lleva hasta el templo, no se permiten las visitas ya que es un lugar sagrado, solo yo y las sacerdotisas podemos pasar allí.
-¿Alguna vez ha visto a alguna sacerdotisa?
-No, pero mis antepasados si, desde siempre, mi familia ha tenido la obligación de cuidar de ellas y prepararlas para su combate contra las fuerzas de la oscuridad.
-¿Y cuando han pasado esas cosas?
-Cuando el templo de la luna era destruido.
Himeko volvió a quedar en shock, por un momento volvió a revivir su sueño, sacudió su cabeza aturdida y vio que Kazuki la miraba fijamente.
-Estarás agotada, sera mejor que descanses.
-Si...
Himeko entró a la habitación y se sentó en la cama, anochecería dentro de poco y estaba realmente cansada, al principio se tumbo en la cama para poner en orden sus pensamientos pero poco a poco el sueño la fue hundiendo en su mundo con sus dulces brazos.
Todo estaba a oscuras a excepción de la enorme Hoguera que ardía entre ellas, llevaban horas intentándolo pero siempre fallaban, esta ultima vez un fragmento de la espada salió volando directa hacia ella, pero la otra chica la salvó empujándola, habían fallado otra vez, Himeko corrió hacia la otra chica, su hombro estaba sangrando. Por mas que lo intentaban siempre fallaban, la otra chica evitaba mirarla a los ojos, sabia que era su culpa, en el fondo de su corazón sabia lo que pasaría si la invocación salia bien, pero Himeko no se dio cuenta de eso, la otra chica la miró por fin, estaba sonriendo.
-No te preocupes, todo saldrá bien, Himeko...
Himeko despertó llorando de nuevo, había vuelto a soñar con esa chica, su corazón latía salvajemente y cada uno de sus latidos le daba otra oleada de dolor y sufrimiento, una angustia que casi rozaba el dolor físico, la chica rubia decidió salir a pasear para tratar de calmarse, cuando se encontró de frente al camino, sus pies cobraron vida solos, el vendaje, que se había aflojado por las vueltas que había dado mientras dormía, se deslizó suavemente de su tobillo y quedó atrás mientras la chica avanzaba decidida, no era consciente de lo que hacia, actuaba de forma involuntaria, subió unas largas escaleras en la piedra y llegó hasta la puerta del templo, se llevó la mano al pecho y entró, todo estaba completamente oscuro, cuando sus ojos se acostumbraron, pudo ver un enorme hoyo para hogueras en el centro de esa habitación redonda, había varias antorchas a su alrededor pero estaban apagadas, avanzó un poco mas y vio un pequeño altar al final de unos pocos escalones, subió decidida pero se paralizó al ver lo que tenia delante, eran restos de unas espadas rotas, sus restos aun se esparcían por los alrededores, entonces una fuerte ráfaga de viento apareció por sus espaldas y todas las antorchas y la hoguera se encendieron mágicamente.
-Himeko...
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