CAPITULO 4
Himeko se despertó al notar como los rayos del sol acariciaban su rostro, al parecer se había quedado dormida en esa gran cama, recordó los sucesos del día anterior y se llevó la mano al pecho con tristeza, no estaba dispuesta a olvidar a Chikane, y aria todo lo posible por recordar lo que ocurrió realmente, salió de la mansión y recordó que se marchó de casa de Soma por la noche, seguramente estaría preocupado así que lo mejor seria volver, a mitad del camino descubrió que no le dolía el pie y recordó que anoche tampoco le dolía, decidió no darle importancia y siguió caminando, hacia un día precioso y el sol hacia que su hermosa melena rubia brillase con fuerza, entonces escuchó el motor de una moto a su lado y se giró, era Soma, tenia cara de verdadera preocupación.
-Kurusugawa...No, Himeko, ¿Donde estabas?
-Lo siento Ogami-kun, no quería preocuparte... Necesitaba salir a pasear y bueno...
Soma vio como la cara de Himeko se ensombrecía y trató de animarla.
-Sabes, esta amaneciendo y a esta hora el cielo se ve precioso desde la playa-Dijo ofreciéndole un casco.
Himeko asintió y montó en la moto con el, Soma iba despacio, disfrutando de la agradable brisa del amanecer, no tardaron en llegar a la playa y ambos bajaron de la moto, caminaron despacio hasta la orilla del mar y se sentaron juntos a ver como las olas acariciaban la orilla.
-Aun recuerdo cuando de pequeños nos reuníamos aquí para escapar de todo-Dijo Soma tratando de sacar un tema agradable de conversación-
-Si, aun recuerdo que juraste que me protegerías de todo...
Ambos perdieron sus miradas en el horizonte, pero el corazón de Himeko se encontraba aún mas lejos, ella no lo sabia, pero la persona que amaba la observaba desde el cielo, aun cautiva en un silencioso templo...
No se dieron cuenta de la presencia que se acercaba a ellos hasta que esta se situó a escasos metros de donde se encontraban.
-Sin duda es un hermoso amanecer... sacerdotisa del sol.
Un escalofrío recorrió a Himeko en el momento en el que escuchó esa voz y las palabras que pronunció, se giró y vio a una mujer, tenia un traje de monja, piel morena y pelo morado, la miraba divertida, Soma se levantó rápidamente y se colocó entre ella y Himeko, al parecer el también había reconocido el peligro.
-¿Quien eres?-Dijo Soma desafiante.
-Soy la hermana Miyako, una simple servidora del señor...
-¿Que es lo que quieres?
-La vida de la sacerdotisa del sol...
Himeko se levantó rápidamente y otro flashback la sacudió
Vosotras sois las sacerdotisas del sol y de la luna, las encargadas de proteger este mundo del orochi, vuestra misión en invocar al gran Ame no murakumo, sois las únicas capaces de hacerlo y de volver a sellar al mal y a sus esbirros.
Las dos chicas se miraron, la chica de pelo azul le agarró la mano, inmediatamente Himeko supo que no estaría sola, que ella la protegería, pasara lo que pasara...
La hermana Miyako miró divertida a Himeko.
-Así que es cierto que has olvidado... bien, así sera mas sencillo-Unos espejos aparecieron a su alrededor y empezaron a brillar-
-¿Por que me haces esto?
-Querida niña, tus dioses te han abandonado, tu sellaste a mi dios, y a cambio renunciaste a ella, tus dioses te han dejado completamente vulnerable, y si yo acabo contigo ahora, no podrán volver a enfrentarse a nosotros, estas sola.
Soma se lanzó a por ella pero uno de los espejos disparó un potente rayo que lo lanzó de nuevo a la orilla inconsciente, Himeko trató de retroceder para evitar a esa misteriosa mujer pero no podía darle la espalda, esta no dejaba de avanzar sonriente. Entonces el cielo se oscureció y un rayó cayó veloz justo delante de Himeko, al desaparecer la brillante luz vio que se trataba de una katana, una hermosa katana de funda y mango rojo, la chica de pelo rubio no se lo pensó dos veces y la cogió y apuntó con ella a Miyako, esta parecía aun mas divertida.
-Tus dioses se han dado cuenta demasiado tarde de que te han dejado desprotegida, ahora tu salvación depende de ti... pero veo que no eres gran cosa, me estas apuntando con el arma que te han enviado sin ni siquiera ser consciente de que esta envainada-Entonces miró al cielo y empezó a reír- ¿Esto es todo lo que podéis hacer para salvar a vuestra querida sacerdotisa?-Volvió a mirar a Himeko- Querida niña, prometo que acabare rápido con tu existencia.
Himeko desenvainó rápidamente la katana y se preparó para el ataque de su adversaria, los espejos de esta empezaron a brillar todos a la vez y lanzaron un potente rayo hacia Himeko, esta alzó su espada para protegerse de ellos y esta los absorbió, Miyako rió mas intensamente y materializó una larga espada delante de ella, rápidamente la empuñó y se lanzó a por Himeko, la cual esquivaba sus ataques y se defendía de ellos de forma automática.
-Veo que a pesar de haber perdido tu memoria, sigues sabiendo como empuñar tu arma, eso me gusta, ara esto mas interesante...por cierto, espero que te gustasen los espejismos que te hice ver, pensé que le añadiría una nota de interés a esto.
Himeko se paralizó un instante, recordó todas las escenas que había visto de ella y de Chikane-chan y el odio empezó a consumirla por dentro.
-Tu... Tu me has echo creer que veía a Chikane-chan, incluso anoche, cuando la vi en su cama, yo era feliz por poder verla aunque me dijera esas cosas tan tristes, pero ahora veo que solo jugaste con mis sentimientos...
-¿Que?, creo que te equivocas niña, yo solo te hacia ver cosas horribles en tus sueños...
No pudo dar mas explicaciones ya que Himeko se lanzó contra ella cargada de furia, se movía instintivamente, ni ella misma sabia como lo hacia, era como si su cuerpo supiera como reaccionar, entonces ganó confianza y empezó su ofensiva, poco a poco hizo retroceder a Miyako, la cual parecía sorprendida por el rumbo que estaba tomando el combate, pero negándose a perder reforzó su ataque, ambas chicas estaban completamente concentradas en la lucha, y las chispas saltaban violentamente entre ellas cada vez que chocaban sus armas, una de esas veces ambas se quedaron paradas empujando sus espadas, negándose a ceder, cuando otra sombra apareció detrás de Miyako, las chicas pararon su combate pero sin abandonar la posición de lucha, la hermana empezó a reír a carcajadas cuando vio quien se acercaba.
-Estas perdida sacerdotisa del sol, no podrás con los dos.
Himeko vio horrorizada al gran hombre que se acercaba, era simplemente gigantesco, de grandes músculos y mirada salvaje, llevaba unas enormes cadenas que manejaba como si no pesaran nada, este cuando se acercó quedó boquiabierto con la belleza de Himeko.
-Vaaaya, que hermosa eres Hime-chan, ya lo había olvidado, menos mal que Miyako onee-san me avisó de que te encontrarías aquí.
-¿Que haces aquí Girochi?-preguntó Miyako aparentemente molesta.
-No pude evitar venir a ver a mi Hime-chan.
-Márchate, tienes otras tareas que atender, debes tratar de reunir a todos los miembros del Orochi rápidamente antes de que esos malditos dioses tengan tiempo de actuar.
-Pero hermana...
Himeko aprovechando que ambos hermanos estaban discutiendo se lanzó a por Miyako, la cual casi no consiguió evitar el ataque de esta, y reanudaron la lucha que habían dejado pendiente, mientras, Girochi hablaba por lo alto.
-Vaya Hime-chan, que gran luchadora eres, por un momento me recuerdas a esa zorra de pelo azul... cuanto me alegré de su muerte.
Aquellas palabras parecieron motivar la furia asesina de Himeko la cual se lanzó de forma salvaje a por Miyako, la hermana apenas era capaz de retenerla y ya tenia un par de cortes, hasta que tropezó y Himeko la atravesó con su katana.
-Maldita...sacerdotisa...volveremos a vernos....
Un rayo de luz apareció encima de ella y la hizo desaparecer. Girochi parecía enfadado.
-Eso no ha estado bien Hime-chan, tal vez deba darte unos azotes como castigo.
El gigantesco hombre avanzó hacia Himeko pero esta estaba paralizada por el miedo y no pudo esquivar las cadenas que este le lanzó, estaba atrapada.
(Con cariño para Maria, prometo que el proximo capitulo os dejara sin aliento jeje)
-Kurusugawa...No, Himeko, ¿Donde estabas?
-Lo siento Ogami-kun, no quería preocuparte... Necesitaba salir a pasear y bueno...
Soma vio como la cara de Himeko se ensombrecía y trató de animarla.
-Sabes, esta amaneciendo y a esta hora el cielo se ve precioso desde la playa-Dijo ofreciéndole un casco.
Himeko asintió y montó en la moto con el, Soma iba despacio, disfrutando de la agradable brisa del amanecer, no tardaron en llegar a la playa y ambos bajaron de la moto, caminaron despacio hasta la orilla del mar y se sentaron juntos a ver como las olas acariciaban la orilla.
-Aun recuerdo cuando de pequeños nos reuníamos aquí para escapar de todo-Dijo Soma tratando de sacar un tema agradable de conversación-
-Si, aun recuerdo que juraste que me protegerías de todo...
Ambos perdieron sus miradas en el horizonte, pero el corazón de Himeko se encontraba aún mas lejos, ella no lo sabia, pero la persona que amaba la observaba desde el cielo, aun cautiva en un silencioso templo...
No se dieron cuenta de la presencia que se acercaba a ellos hasta que esta se situó a escasos metros de donde se encontraban.
-Sin duda es un hermoso amanecer... sacerdotisa del sol.
Un escalofrío recorrió a Himeko en el momento en el que escuchó esa voz y las palabras que pronunció, se giró y vio a una mujer, tenia un traje de monja, piel morena y pelo morado, la miraba divertida, Soma se levantó rápidamente y se colocó entre ella y Himeko, al parecer el también había reconocido el peligro.
-¿Quien eres?-Dijo Soma desafiante.
-Soy la hermana Miyako, una simple servidora del señor...
-¿Que es lo que quieres?
-La vida de la sacerdotisa del sol...
Himeko se levantó rápidamente y otro flashback la sacudió
Vosotras sois las sacerdotisas del sol y de la luna, las encargadas de proteger este mundo del orochi, vuestra misión en invocar al gran Ame no murakumo, sois las únicas capaces de hacerlo y de volver a sellar al mal y a sus esbirros.
Las dos chicas se miraron, la chica de pelo azul le agarró la mano, inmediatamente Himeko supo que no estaría sola, que ella la protegería, pasara lo que pasara...
La hermana Miyako miró divertida a Himeko.
-Así que es cierto que has olvidado... bien, así sera mas sencillo-Unos espejos aparecieron a su alrededor y empezaron a brillar-
-¿Por que me haces esto?
-Querida niña, tus dioses te han abandonado, tu sellaste a mi dios, y a cambio renunciaste a ella, tus dioses te han dejado completamente vulnerable, y si yo acabo contigo ahora, no podrán volver a enfrentarse a nosotros, estas sola.
Soma se lanzó a por ella pero uno de los espejos disparó un potente rayo que lo lanzó de nuevo a la orilla inconsciente, Himeko trató de retroceder para evitar a esa misteriosa mujer pero no podía darle la espalda, esta no dejaba de avanzar sonriente. Entonces el cielo se oscureció y un rayó cayó veloz justo delante de Himeko, al desaparecer la brillante luz vio que se trataba de una katana, una hermosa katana de funda y mango rojo, la chica de pelo rubio no se lo pensó dos veces y la cogió y apuntó con ella a Miyako, esta parecía aun mas divertida.
-Tus dioses se han dado cuenta demasiado tarde de que te han dejado desprotegida, ahora tu salvación depende de ti... pero veo que no eres gran cosa, me estas apuntando con el arma que te han enviado sin ni siquiera ser consciente de que esta envainada-Entonces miró al cielo y empezó a reír- ¿Esto es todo lo que podéis hacer para salvar a vuestra querida sacerdotisa?-Volvió a mirar a Himeko- Querida niña, prometo que acabare rápido con tu existencia.
Himeko desenvainó rápidamente la katana y se preparó para el ataque de su adversaria, los espejos de esta empezaron a brillar todos a la vez y lanzaron un potente rayo hacia Himeko, esta alzó su espada para protegerse de ellos y esta los absorbió, Miyako rió mas intensamente y materializó una larga espada delante de ella, rápidamente la empuñó y se lanzó a por Himeko, la cual esquivaba sus ataques y se defendía de ellos de forma automática.
-Veo que a pesar de haber perdido tu memoria, sigues sabiendo como empuñar tu arma, eso me gusta, ara esto mas interesante...por cierto, espero que te gustasen los espejismos que te hice ver, pensé que le añadiría una nota de interés a esto.
Himeko se paralizó un instante, recordó todas las escenas que había visto de ella y de Chikane-chan y el odio empezó a consumirla por dentro.
-Tu... Tu me has echo creer que veía a Chikane-chan, incluso anoche, cuando la vi en su cama, yo era feliz por poder verla aunque me dijera esas cosas tan tristes, pero ahora veo que solo jugaste con mis sentimientos...
-¿Que?, creo que te equivocas niña, yo solo te hacia ver cosas horribles en tus sueños...
No pudo dar mas explicaciones ya que Himeko se lanzó contra ella cargada de furia, se movía instintivamente, ni ella misma sabia como lo hacia, era como si su cuerpo supiera como reaccionar, entonces ganó confianza y empezó su ofensiva, poco a poco hizo retroceder a Miyako, la cual parecía sorprendida por el rumbo que estaba tomando el combate, pero negándose a perder reforzó su ataque, ambas chicas estaban completamente concentradas en la lucha, y las chispas saltaban violentamente entre ellas cada vez que chocaban sus armas, una de esas veces ambas se quedaron paradas empujando sus espadas, negándose a ceder, cuando otra sombra apareció detrás de Miyako, las chicas pararon su combate pero sin abandonar la posición de lucha, la hermana empezó a reír a carcajadas cuando vio quien se acercaba.
-Estas perdida sacerdotisa del sol, no podrás con los dos.
Himeko vio horrorizada al gran hombre que se acercaba, era simplemente gigantesco, de grandes músculos y mirada salvaje, llevaba unas enormes cadenas que manejaba como si no pesaran nada, este cuando se acercó quedó boquiabierto con la belleza de Himeko.
-Vaaaya, que hermosa eres Hime-chan, ya lo había olvidado, menos mal que Miyako onee-san me avisó de que te encontrarías aquí.
-¿Que haces aquí Girochi?-preguntó Miyako aparentemente molesta.
-No pude evitar venir a ver a mi Hime-chan.
-Márchate, tienes otras tareas que atender, debes tratar de reunir a todos los miembros del Orochi rápidamente antes de que esos malditos dioses tengan tiempo de actuar.
-Pero hermana...
Himeko aprovechando que ambos hermanos estaban discutiendo se lanzó a por Miyako, la cual casi no consiguió evitar el ataque de esta, y reanudaron la lucha que habían dejado pendiente, mientras, Girochi hablaba por lo alto.
-Vaya Hime-chan, que gran luchadora eres, por un momento me recuerdas a esa zorra de pelo azul... cuanto me alegré de su muerte.
Aquellas palabras parecieron motivar la furia asesina de Himeko la cual se lanzó de forma salvaje a por Miyako, la hermana apenas era capaz de retenerla y ya tenia un par de cortes, hasta que tropezó y Himeko la atravesó con su katana.
-Maldita...sacerdotisa...volveremos a vernos....
Un rayo de luz apareció encima de ella y la hizo desaparecer. Girochi parecía enfadado.
-Eso no ha estado bien Hime-chan, tal vez deba darte unos azotes como castigo.
El gigantesco hombre avanzó hacia Himeko pero esta estaba paralizada por el miedo y no pudo esquivar las cadenas que este le lanzó, estaba atrapada.
(Con cariño para Maria, prometo que el proximo capitulo os dejara sin aliento jeje)